ARCO 2015

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Los analistas apresurados se quedan con la imagen de la obra del 2006, Vaso de agua medio lleno, del artista cubano Wilfredo Prieto, un neoduchamniano, que el galerista catalán Alex Nogueras exhibió sobre una repisa de madera y por el que solicitó 20.000 euros. Cuando le preguntan al galerista qué es eso, responde: “Un artista que tiene mucha demanda y produce poco. Por tanto, hay pocas obras suyas en el mercado y mucho interés por él. Obviamente se valoran sus ideas”. La primera explicación parece poco satisfactoria: también hay pocos tréboles de cuatro hojas y no valen nada. En cuanto a que se valoran sus ideas, como se valoró en su momento el famoso mingitorio de Duchamp, o las latas llamadas “Mierda de artista” de Piero Manzoni, tampoco agrega mucho, puesto que la pregunta no es si se valoran sino porqué. En el caso de Duchamp estaba claro: el ready-made remitía a una crítica al arte mimético. Pero en el caso de Prieto, ¿qué significa un vaso de agua medio lleno?

Más trascendente parece en cambio, y tal vez explique parte de lo anterior, que otra artista cubana, Tania Bruguera, con arresto domiciliario en La Habana, no pudo asistir a la feria, pese a que estaba prevista su visita ya que debía restaurar una pieza (un traje hecho con tierra cubana) que iba a presentarse en el stand de Juana de Aizpurú. Otro que sufrió la censura de los regímenes totalitarios, en este caso de China, fue Ai Wei-wei. En ambos casos, son artistas molestos para los regímenes comunistas. Si bien esta es una censura explícita, hay otro tipo de censura que no podemos soslayar: la crítica religiosa prácticamente desapareció de la feria. Después de lo de Charlie Ebdo, operó una autocensura alarmante. Ni rastro de piezas como las que supo exhibir ARCO de León Ferrari: un cristo crucificado en un misil, o de Eugenio Merino en 2010: un musulmán, un judío y un cristino rezando uno encima del otro. Aunque los galeristas, como José Martínez Calvo, de Espacio Mínimo, hablaron de responsabilidad, de respeto, sin duda el miedo no es zonzo y tal vez los eufemismos no sean el mejor camino en la órbita del arte.

Los dos hechos centrales de esta edición fueron ciertamente el desembarco de Colombia como país estrella, con casi una decena de galerías que exhibieron obras muy interesantes bajo la supervisión de curadores puestos por ARCO, y la recuperación de España en general y de los museos en particular como factor de adquisición de obras. En cuanto a Colombia, cabe destacar que la galería El Museo (que es la subsede Bogotá de la española Fernando Pradilla) presentó una obra que llamó la atención de los reyes: Jorge Magyaroff hizo unas piezas que parecían evocar el chorreado de Pollok pero de un modo más ostensible. Y cabe destacar también la aparición por primera vez en ARCO de La Galería, una galería bogotana con Luis Aristizabal a la cabeza, a la que ya conocíamos de ARTBO y que suele estimular a artistas muy tensos. En cuanto a los museos, sólo el Reina Sofía y el Perez Art Museum de Miami (por citar dos casos emblemáticos) compraron obras (aproximadamente unas doce obras cada uno) por 350.000 euros. La coleccionista privada (y también galerista) Helga de Alvear se llevó una pieza de Kandinsky por 250.000, en la galería Leandro Navarro.

Argentinos

La presencia argentina en ARCO estuvo dada por Ignacio Liprandi, que llevó a Tomás Espina, que pinta con pólvora; por Jorge Mara, con una serie de surrealistas como Grete Stern; por Del Infinito, con uno de los argentinos más internacionales: Julio Le Parc; y por Rolf Art, con la siempre activa galerista Florencia Giordana Brown, dándole nuevamente potencia a la fotografía, destacándose Facundo de Zubiría con sus persianas bajas de la crisis argentina. A ello hay que sumar la múltiple presencia de Liliana Porter, con dos instalaciones, una solicitada por el diario El País para su stand, y con presencia de su obra en varias galerías extranjeras. En cuanto a coleccionistas argentinos hubo dos célebres: Eduardo Costantini, que dio una conferencia, y el peruano-argentino Sergio Quattrini, con quien tuvimos ocasión de compartir una noche en casa de un notable coleccionista español, en La Moraleja, un country en las afueras de Madrid. Había además una pieza de Lucio Fontana, típico concepto espacial con el tajo, por la cual la galería italiana que lo presentaba pedía nada menos que un millón y medio de euros.

En cuanto a obras destacadas de esta edición, rescato particularmente las fotos de Bárbara Probst, en una galería berlinesa: una fotógrafa que logra tomar un mismo hecho o un mismo instante desde infinitos ángulos al mismo tiempo. Nuevamente Teresa Margolles en Mor-Charpentier (galería que dicho sea de paso organizó una recepción el viernes 27 de febrero a la noche en el exquisito Palacio Duarte del barrio La Latina de Madrid), con una obra inquietante que combinaba trozos de una lápida destrozada por motivos raciales en Estados Unidos con un video que registraba parte del hecho. Recordemos que Margolles es una artista mexicana muy potente, que se ha especializado en registrar sucesos que la fugacidad de tiempo barre, o sucesos en los que se borran evidencias. No menos impactante una pieza de Jaume Plensa, un clásico de las ferias españolas, una clásica cabeza de mármol de gran tamaño cuyo precio rondaba los 350 mil Euros y que habría encontrado comprador. Una gran foto de Marina Abramovic con varias ametralladoras de juguete en las manos trabaja con la idea de milicias de niños en oriente, es decir contrapone la dupla adulto/juguete y niño/arma real.

ARCO no es una más de las 220 ferias de arte que se hacen anualmente en el mundo. Si Art Basel es la más importante del mundo, ARCO está ciertamente entre las cinco más significativas, pero además de eso es tal vez la feria crucial para el arte latinoamericano, su gran vidriera. Este año el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, acompañó de modo presencial el desembarco de sus galerías. Como Brasil en su hora, Colombia sabe lo importante de conectar el país al mundo. En un mundo globalizado, hay un arte globalizado, necesariamente. Cuando tengamos un Ministro de Cultura que sepa que Lucio Fontana no fue el conductor de Odol Pregunta, todo será más fácil.

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