BAJO FUEGO CRUZADO

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Parece que, al igual que Nerón, Pino ha decidido incendiar algunas cosas para que quede grabada para siempre la exuberancia de su obra artística. Cerca de los andenes de Castelar y de Merlo corren rumores de que fue avistado vistiendo una túnica blanca, con una corona de laureles sobre su cabeza y una lira que blandía con destreza, mientras las lenguas de fuego consumían a varios vagones de TBA. Un ciego que vende curitas, bamboleándose en los pasillos de los vagones, asegura que pudo oír la voz cascada del cineasta de la melena platinada cantando odas en honor de los dioses. El ministro de los bigotes erizados ha realizado una sesuda investigación que lo ha llevado a la conclusión de que ningún otro motivo que no fuera la promoción espuria de su última película pudo haber provocado que un grupo de inadaptados usuarios decidiera manifestar su mal humor convocando a Vulcano. ¿Acaso el mítico cineasta no es autor de una obra que se llama La Hora de los Hornos? ¿No implica este título un indicio claro de su sublimada pasión pirómana? Toda su vida estuvo vinculada al fuego. ¿Cómo olvidarse por ejemplo que recibió varios disparos de armas de fuego en la década del noventa? Siguiendo esta línea de investigación Pino “está en el horno”. Es que resulta difícil escapar a la lupa de Aníbal Fernández. Cuando el quilmeño enciende la pipa y se pone a barruntar, la lógica adquiere su máxima expresividad: nada escapa a su profundo conocimiento de la psicodinamia criminal. En su concepto, esa Agripina malévola que es Vilma Ripoll, en complicidad con Fernando Esteche, una especie de Espartaco posmoderno, resulta sospechosa de haber encendido las antorchas con las cuales los vagones se transformaron en cenizas. Es que la ultraizquierda siempre se dedicó a acentuar las contradicciones. Justo ahora que Bussi y Menéndez, dos matusalénicos asesinos de huesos cloqueantes recibieron su merecida condena, los troskos se dedican a esparcir fuegos fatuos por los rieles. Como siempre, una oposición experta en poner palos en la rueda sostiene que esta acusación es un disparate y que, en realidad, la gente común está podrida de viajar como ganado en trenes subsidiados que a su vez “subsidian” la política kirchnerista. Y ahora, que pronuncio el vocablo “ganado”, me acuerdo de que hace poco más de dos meses el campo se dedicó -según los dichos de Aníbal- a incendiar campos y a quemar gomas en las rutas, porque desde la derecha también han manifestado una clara vocación por la piromanía. Es que el golpismo acecha y tiene varias cabezas dispuestas a operar, a izquierda y a derecha, como la Hidra de Lerna. Mientras tanto, Cristina, nuestra desolada Cleopatra, se pasea por su Imperio a la búsqueda de un áspid que la libere de su tormento. Las malas lenguas dicen que ninguno se le acerca por temor a ser mordido por ella.

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