BEATRIZ SARLO: “EVITA ERA RESENTIDA, SECTARIA Y VENGATIVA”

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La cita fue en el barrio de Palermo. Elegante, de baja estatura, Beatriz Sarlo llegó puntualmente, a las seis menos cinco de una tarde de invierno. Comenzamos hablando del caso de una adolescente que le pidió a los padres que, en lugar de la fiesta de quince años, le regalaran una cirugía estética.

BS: La tecnología en este punto tiene un contacto con la banalidad y cuando la tecnología da esa posibilidad, y está impulsada por un mercado médico muy grande, donde circulan muchos millones, hace que se acerque mucho más a la venta de un producto de consumo que a aquello que vincula la profesión con una ética profesional. Que una chica de quince años pida eso revela que esto está al alcance de la mano como está el último modelo de zapatillas. Hoy se roba para comprar el último modelo de zapatillas, quizás todavía no se robe para hacer una cirugía plástica, pero hay algo de la imposición de un gusto que crea una violencia muy fuerte sobre aquellos sectores que son culturalmente más desprotegidos. Una chica de quince años que trabaja de actriz es una desprotegida cultural, para empezar por su propia familia. Ella es la primera que debería ser protegida del mercado simbólico donde está, de la banalidad del propio mercado donde está participando y de su propia familia.
MG: ¿Tiene que ver con el deseo de cambio o con el deseo de ser eterno?
BS: Es así, el deseo de ser diferente está instalado. Y el deseo de ser eterno también. Ciertas ideologías de salud, no solamente la cirugía plástica, tienen que ver con la idea de la abolición de la muerte. El problema es cuando ese deseo se combina con ideologías médicas y con un mercado.
MB: Hay otros fenómenos que se están afirmando últimamente, que también tienen que ver con el cuerpo, como son el tatuaje y el piercing. ¿Por qué cunden?
BS: Son acentuaciones de costumbres culturales anteriores, que pertenecían a grupos reducidos como los marineros. En el caso del body piercing, había un piercing que la sociedad consideraba legítimo, que era agarrar a todas las mujeres que nacían y, prácticamente en la sala de parto, hacerle un piercing en las dos orejas. La cultura rock es una cultura fuertemente implicada con el cuerpo, muy performativa. El cuerpo está implicado en la música, la música no es sólo una garganta y una voz. A nadie se le ocurriría decir, de Paul Mac Carney, “The voice”. Entonces, prácticas del cuerpo que antes eran muy minoritarias, o muy extendidas pero que tocaban sólo una zona del cuerpo, en la cultura rock empiezan a extenderse.

EVA PERÓN
MG: ¿Si hubieran estado difundidas en 1943, Evita se hubiera hecho cirugías plásticas?
BS: En el ’43 era jovencísima. Y cuando ella llega a ser la cumbre del régimen peronista está completamente jugada a la política, entendiendo muy bien que tiene que jugar a la política su cuerpo, que es lo único que tiene. Tiene mucho más cuerpo que cabeza. Pero aquello que su cuerpo tenía era suficiente.
MG: Tenía pechos muy delgados…
BS: Y eso la favorecía. Susana Gimenez no puede ser la cumbre de ningún régimen. La cumbre visible de un régimen político tiene que tener un estilo y no puede ser un estilo basado en ponerse o sacarse, como es el estilo vedetístico. Una vez que ella logró colocarse en la política, se colocó con lo que tenía y lo que tenía era suficiente. Si usted se fija, cuando Cecilia Bolocco en su sueño loco, provocado por el champagne de la bodega Menem, pensó que podía llegar a ser primera dama acentuó su estilo más bien cool, tendiente a ser más distinguida que atractiva.
MG: Recuerda la espantosa fiesta de casamiento, en La Rioja.
BS: Toda la familia Bolocco estaba descontextualizada allí. En Chile no se acostumbra…, ni la izquierda ni la derecha comparten el locro con los negros…
MG: Borges en cambio estuvo más contextualizado cuando recibió una distinción de manos de Pinochet.
BS: Ese es el Borges que desesperaba a toda una generación con esos gestos que son de una provocación terrible.
MG: Volviendo a Evita, ¿por qué seducía a los más humildes con joyas y atuendos extraordinariamente lujosos?
BS: Porque así seducen los reyes. Así sedujo Lady Di. Los reyes tienen que ser fastuosos y Eva era la reina de un régimen que necesitaba corporizarse en una reina, el régimen de distribución y de bienestar.
MG: ¿No será que Eva, como Maradona, sueñan un sueño colectivo?
BS: No es tanto que el camino es repetible, sino la identificación, es reconocer que desde ese lugar están produciendo algo valioso para gente que nunca podría producir eso que ellos producen. La identificación tiene que ver con el agradecimiento. No me gusta el maradonismo, me parece una forma execrable del ser nacional, pero la identificación del agradecimiento me parece legítima.
MG: Vi un graffiti que decía: “Si Evita viviera sería piquetera”, ¿qué opina?
BS: De ninguna manera. La ideología de Evita era reaccionaria, populista y distribucionista. Evita no existe sin el Estado, si Evita viviera sería Chiche Duhalde, pero mucho mejor, con una presencia y una pulsión física mucho mejor. Eva venía de la humillación, de morirse de hambre, de tener que acostarse con cualquiera para ver si le publicaban una fotito en un diario, ella no quería ir a hacer piquetes, quería lo que logró.
MG: Ese cambio del año 43, cuando al amparo de los militares que hacen el golpe se transforma en una estrella, ¿no la muestra como una trepadora?
BS: Ya en el 43 era una actriz fracasada, era muy joven pero ya había llegado a su techo, por un montón de cosas. Y ella se vincula con los coroneles del 43, e inmediatamente se empieza a ver que ella vuelve a tener una cierta circulación, como si tuviera un segundo aire. Ella es amante de esos coroneles. ¿Qué otra cosa podía hacer? Era inculta, tenía su cuerpo, su decisión y su resentimiento. No podía hacer otra cosa, no podía elegir. La suerte que ella tiene es encontrarse con Perón, es no haber quedado a la deriva en alguna garconiere de algún coronel cualquiera. Esos son los momentos en que la casualidad define la historia.
MG: Lo mismo se dio en 2003 con Kirchner llegando a la presidencia.
BS: Exactamente, Kirchner era el peor es nada de Duhalde. Por eso, Eva tiene esa suerte, y en lugar de quedar atada a algún coronel, que simplemente la hubiera mantenido, encuentra a Perón, que andaba a la búsqueda de una mujer. Y para ese papel ella estaba perfectamente preparada, tenía la dosis de resentimiento, de sectarismo, era muy vengativa, tenía todo para ese papel.
MG: Encarnaba el resentimiento de muchos postergados, que vivían en un país que crecía pero con desigualdad.
BS: Totalmente. Ella representaba a aquellos que aún no habían sido invitados a la fiesta. En la Argentina se había ampliado la invitación: en la primera mitad del siglo XX no es la fiesta sólo de los ricos. Pero ella representa a los que aún no habían sido invitados a la fiesta y que el peronismo invita.

ARAMBURU Y LOS SETENTA
MG: El cadáver de Evita fue secuestrado por la Revolución Libertadora y, en parte a raíz de eso, Aramburu fue asesinado por los Montoneros. En un momento de su libro La pasión y la Excepción, usted dice “Yo festejé la muerte de Aramburu”. ¿Podemos reflexionar sobre esta vivencia suya?
BS: Es la única frase que tiene el libro que es completamente personal. Efectivamente, yo festejé el día que asesinaron a Aramburu y festejé cuando vi en televisión el entierro en la Recoleta. Me parecía que una muerte sórdida, en el medio de una chacra, en un sótano, inauguraba la revolución, un mundo mejor que la democracia.
MG: ¿Siente arrepentimiento por aquel festejo?
BS: No hubiera podido ser de otra manera. Lo que siento es un enorme extrañamiento, a esta persona que fui yo la estoy viendo como quien ve un dinosaurio. Por eso yo no siento ninguna nostalgia por los años setenta, no tengo ninguna nostalgia por la política que yo hice, primero porque fue muy peligroso y murió mucha gente, y yo hubiera podido morir como tantos otros, en segundo lugar porque, en función de algunos valores que todavía conservo, los ideales y los programas eran equivocados.

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