¿DE QUÉ LADO ESTARÍA PERÓN?

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“En las pampas inagotables de nuestra patria se encuentra escondida la verdadera riqueza del porvenir.”
Juan Perón, 6 de septiembre de 1944

A partir de los ’90, Argentina ha obtenido decisivas ventajas competitivas en materia agroalimentaria. Cualquier argentino medio, sentado a la mesa de un café en Buenos Aires, entiende de qué se habla cuando se menciona la noción de siembra directa. Entre los aciertos de los noventa, y al margen de cualquier crítica justa que se quiera realizar a Menem, la tecnificación del campo constituye un avance que solo un miope podría negar.

“Resulta también indiscutible que la lucha fundamental en un mundo superpoblado es por una cosa siempre primordial para la humanidad: la comida”, decía Perón en los años cuarenta. La Argentina tiene hoy una posición de privilegio en la producción primaria de productos agropecuarios que, como se sabe, es el primer eslabón del negocio mundial de los alimentos. Es por eso que, para un peronista doctrinario, no resulta amañado que los dirigentes del campo hayan hablado en sus discursos del domingo 25 de Mayo de una patria libre, justa y soberana. Pese a los esfuerzos de los Kirchner por inventar una transversalidad de izquierda, el persistente general sin manos mantiene su contemporaneidad, porque tal cual lo hemos dicho en otras oportunidades Perón es un clásico y por eso es también un contemporáneo, al cual puede interrogárselo sobre el presente y sobre el futuro. De ahí que dirigentes del campo otrora enfrentados con las políticas de los cuarenta y los cincuenta estén sufriendo hoy el mismo fenómeno que los jóvenes burgueses de los setenta que imprevistamente abandonaron la comodidad de sus casas de clase media (que los habían forjado en un duro cuño antiperonista) para transformarse decididamente en peronistas fundamentalistas.

No digo que nuestros chacareros puedan llegar a volverse Montoneros, pero poco a poco fueron entendiendo que lejos del pensamiento peronista poco queda. Cabe preguntarse, entonces: ¿De qué lado estaría Perón si viviera en la Argentina del 2008? ¿Qué pensaría de un personaje como D’Elía? ¿Qué posición tomaría él que creía que la única política que existía era la mundial? ¿Qué acción instrumentaría hoy quien creía que el mundo evolucionaba por factores de determinismo y fatalismo histórico y que lo único que quedaba a un conductor era fabricar una montura que le permitiera cabalgar la evolución? De lo que se puede estar seguro es de que, dada su baqueanía, no incurriría en el error de pretender reeditar escenas de otra época con el solo propósito de mantenerse en el poder. Su carácter evolucionista se lo impediría. El Perón de hoy preservaría la sacralidad de Evita en la memoria del pueblo como una reliquia, pero en modo alguno reivindicaría su puño crispado en tiempos en que tenemos la oportunidad de abrir las manos y derramar granos sobre un mundo al cual le resultamos necesarios.

Sólo quienes todavía no soportan el recuerdo de haber sido proclamados estúpidos e imberbes por la voz estentórea del patriarca moribundo pueden ser capaces de negarlo para asesinar definitivamente su recuerdo. Sólo quienes todavía no se dieron cuenta que la Rusia de 1917 se transformó en el mayor fracaso de la historia pueden persistir en maniobras expropiadoras que no son más que estériles venganzas de los que no pueden soportar su derrota. Un conocedor del dinamismo planetario admite la marcha del mundo como una serie sucesiva de integraciones que llevan inevitablemente al universalismo y sabe que solamente cabe luchar por humanizar a esta nueva onda larga de capitalismo que se advierte aun en el trastabillar de Raúl Castro en la mítica Cuba, o en las permisividades sorprendentes de China. Repito: ¿De qué lado estaría un estratega (y por lo tanto un pragmático) como Perón en un conflicto como el que mantiene el gobierno con los productores rurales?

¿Puede acaso creerse que un mundo integrado nos permitirá la retención de la soja, del trigo y de los demás productos insustituibles por un tiempo tan prolongado que afecte peligrosamente su precio internacional? Solamente la ingenuidad nos puede llevar al concepto erróneo de que operaciones de inteligencia transformarán a Kirchner en un vector trascendente de la política universal.

Pese al dolor y la incertidumbre que me causa este enfrentamiento incomprensible, cuando escuché decir a Buzzi que había que luchar por una patria justa, libre y soberana, elevé mi copa y brindé por la intuición estratégica primordial de uno de los hombres célebres más utilizado, menos leído, más incomprendido y más traicionado de la historia argentina: Perón.

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