EL NUEVO DEPORTE DE LOS PROGRES: PEGARLE A SUSUNA GIMENEZ

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Un periodista (que se autodefine como nacionalista) del diario Crítica de la Argentina, medio en el cual evitaron la crítica de mi libro El Surmenage de las Ideas por el simple hecho de que no les gustaba la postura política que allí adopto (más bien liberal), en una simpática entrevista al escritor de izquierda Andrés Rivera (tratando de promocionar su último libro), después de una serie de flirteos inicuos sobre lo difícil que le resultaba hacer la nota y un implícito autoelogio sobre lo bien que sorteaba los inconvenientes que se le iban presentando, afirma:

–Algo raro pasa en un país que (sic) una persona sospechada de hechos de corrupción como Susana Giménez sea un referente moral, ¿no?
El escritor de izquierda entonces responde:
–Usted lo ha dicho. Algo pasa. El país que conocemos cruje por los cimientos y huele mal como Dinamarca.

Me permitiré formular algunas aclaraciones que reputo pertinentes:
1) Que el periodista que se niega a realizar la crítica de mi libro por razones ideológicas, tratando de invisibilizarlo a pesar de que lo considera estética e intelectualmente valioso (según lo ha confesado en off), hable de “corrupción” y “moralidad” es –como él diría- algo raro, y lleva a pensar –como diría Rivera- que algo huele mal en Dinamarca. Pero éste es un tema menor: en el fondo, cada uno defiende su “quintita” como puede. Pasemos entonces a temas mayores.

2) ¿Cuáles son los hechos de corrupción de los que está sospechada Susana Giménez? El escriba no lo aclara. Si se refiere a los llamados telefónicos que realizaba en el contexto de la sociedad Hard Communications, con socios tales como el ex Montonero, ex cuñado de Patricia Bullrich y ex taxista parisino Rodolfo Galimberti (de quien nada dicen entrevistador y entrevistado, pese a ser un personaje del libro que intentan promocionar), Jorge Born y Jorge Rodríguez, empresa acusada de estafar al Hogar Felices Los Niños, podría asistirle alguna razón al periodista. No creo que apunte, empero, a ese episodio.

Si alude, como es más probable, al hecho de que trajo a la Argentina un auto importado (descubierto en una caballeriza bajo un manto de paja) eludiendo una prohibición de importación, mi opinion sería más matizada. La aplicación de tributos a la importación es admisible, se trata de un instrumento económico que los gobiernos pueden usar válidamente. ¿Pueden igualmente establecer barreras arancelarias que clausuren al mundo la economía de un país? ¿Pueden erigir muros que directamente quiten del Mercado un bien, más allá de su valor, impidiendo a quien obtiene ganancias legítimas tener acceso a ese bien dentro del país? La respuesta a estos últimos interrogantes es claramente negativa. Si alguien gana dinero mediante su trabajo y desea comprar un bien que no se produce en el país, tiene que tener posibilidad de hacerlo. Y si no puede hacerlo por el autoritarismo estatal y elude la norma, está incumpliendo la ley, está cometiendo una transgresion desde el punto de vista positivo, pero no es ni “corrupto” ni “inmoral”, palabras que nada tienen que hacer en este caso. Su actitud es axiológicamente neutra: el Estado viola las libertades de comercio y de circulación de los bienes y el particular viola la violación. Yo diría entonces que algo huele mal en Dinamarca no cuando Susana Giménez es elegida por la sociedad como referente moral, sino cuando un periodista y un escritor se ponen sinfónicamente de acuerdo para decir una burrada como la reproducida al principio de la nota.

3) Dicho lo anterior, debo aclarar que si bien Susana Giménez puede opinar lo que se le antoje, e incluso la sociedad puede elegirla como referente moral (porque la democracia no es Buena sólo cuando la gente vota como a nosotros nos gusta), la diva, que no es una especialista ni en Derecho Penal ni en seguridad, a mi modo de ver, está equivocada con lo que propone. La pena de muerte no soluciona el problema de la seguridad porque lo prueba el principio de inducción: si no lo ha solucionado en otros sitios y épocas ¿por qué habría de solucionarlo en la Argentina? La pena de muerte es ridícula porque se aplica a seres mortales. La pena de muerte es injusta porque impide la posibilidad de revision. La pena de muerte viola los derechos humanos porque para aplicarla hay que torturar al sentenciado, ya sea mediante el descuartizamiento, la horca, la silla eléctrica o la inyección letal.

4) En fin, yo diría que algo raro sucede o algo huele mal en Dinamarca cuando existiendo tan buenas razones para desmerecer la opinion de Susana Giménez dos personas públicas y aparentemente cultas acuden a argumentos falaces para ponerse en una posición “cool”. ¿O acaso no es “cool” entre los intelectuales criticar a Susana Giménez? Quizás este ultimo ícono vivo, este modesto fetiche platinado, esta Marilyn vernácula, que hizo vibrar a todo un país con su “shock” en aquellos años en que Galimberti y toda una generación de irresponsables pretendían implantar el comunismo, que hizo un personaje memorable en el film “La Mary”, que fue un sex symbol irrebatible, que intentó enseñarle modales a Carlos Monzón, que pronuncia en inglés bastante mejor que algunos intelectuales, que ha hecho éxitos televisivos durante varias décadas, y de cuya gordura hoy se rien muchos “progres” que alardean de no ser discriminadores, hizo algo valioso por la vida de los argentinos: los entretuvo con enanos y otros artilugios no menos freaks. No muy distinto de Pipo Mancera o Roberto Galán, de quienes sin duda es implícita heredera. Quizás por eso sea un referente de los argentinos. Su función no era hacernos más cultos ni hacernos pensar: para eso deberían estar los periodistas y los escritores. Pero ellos, más de una vez, declinan su cometido. Repiten cliches. Prefieren confundir.

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