ÍCONOS

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La presidenta de la Nación, Cristina Kirchner, propuso que, para la mayor cita cultural del mundo, la “argentinidad” esté representada por cuatro figuras populares: Eva Duarte de Perón, Carlos Gardel, Diego Armando Maradona y Ernesto “Che” Guevara.

La primera goza de indiscutibles méritos literarios, ya que su libro único “La Razón de mi vida” es una obra mayor, donde explica detalladamente –se trata del género ensayo- cómo descubrió su amor por los descamisados y grasitas, y se pregunta cómo puede ser que haya gente que no acepte sacar dinero a los ricos para repartirlo entre los pobres. Es verdad que se trata de una obra única, pero ello no obsta a la grandeza de la autora, ya que en casos similares, como el de Juan Rulfo, bastaron un par de libros para encumbrar al escritor en el cuadro de honor de las letras mundiales. Prueba acabada de la importancia de la autora propuesta por nuestra Presidenta es que ya, en otro gobierno peronista, casualmente el de su esposo Juan Perón, la misma ensayista había sido oficialmente nominada como candidata al Premio Nobel de Literatura, lo que concitó gran interés en ámbitos intelectuales y revuelo entre los ignorantes de la Academia de Letras, que se negaban a que la nombrada escritora (antes actriz de teleteatros, lo que prueba su heteróclita vocación por el arte) fuera postulada por nuestro país. Tan bueno es el libro que algunos dicen que no lo escribió ella. Atribuido a un médico de dudosas dotes, Ivanisevich, y no a un gran escritor, el libro no queda deslucido por este entuerto.

En el caso de Carlos Gardel, algunos detractores –los mismos que dicen que nació en el extranjero, invocando una mera partida de nacimiento- sostienen que fue Lepera y no él el letrista de tantas canciones, limitando el talento de “El Mudo” a sus condiciones de compositor de música y cantante. La actual postulación como héroe cultural argentino pretende enmendar ese injusto escamoteo y devolverle su condición secreta de literato.
Ni hablar del caso de Diego Maradona, cuyas dotes para la escritura saltan a la vista. Se sabe que ha escrito un libro de memorias. Aunque algún periodista deportivo que metió su pluma intentó desmerecer la obra, el lujo literario maradoniano se adivina por detrás de esas intromisiones superficiales del amanuense. Es un caso particular, porque ningún intelectual es hábil con los pies, sino con las manos: escribir, pintar, ejecutar música son típicos movimientos manuales. En cambio, en el caso de este héroe cultural argentino todos sus movimientos son predominantemente con los pies, donde está cifrada sin duda la categoría intelectual tenida en vista por nuestra Presidenta para la nominación.

Más indiscutido es el caso de Ernesto “Che” Guevara, pues escribió varios libros: empezando por “Guerra de guerrillas”, siguiendo por su Diario en Bolivia y los papeles de Praga y llegando a una serie de opúsculos que sus detractores llaman panfletos, sin entender que el arte de Guevara es “comprometido”. La belleza literaria aflora en todas estas piezas con singular valor. Y realza más su condición de mito argentino el hecho de que, después de obtener su título de médico con impuestos pagados por compatriotas, se fue voluntariamente a tratar de implantar la revolución comunista a Cuba, Congo y Bolivia, de modo que sus servicios a la patria resultan irrefutables, máxime teniendo en cuenta que alentó la guerrilla en el norte argentino durante un gobierno democrático y que, con sus seis o siete horas en Argentina, durante el gobierno de Frondizi, logró acelerar otro golpe de Estado.

Es interesante el argumento de que deben ser íconos representativos de la argentinidad y no intelectuales, como dijo Magdalena Faillace. ¿Imaginan ustedes a Estados Unidos haciéndose representar en la Feria del Libro por Michael Jordan, John F. Kennedy y Madonna, en vez de Hemingway, Whitman y Nathaniel Hawthorne? ¿O a Brasil mandando las imágenes de Getúlio Vargas, Pelé y Sonia Braga, en lugar de Jorge Amado y Drummond de Andrade? ¿O a Francia mandando a Zinedine Zidane y Napoleón en vez de Flauvert y Sartre?

Más llamativo aún es que se los llame íconos. Como se sabe, la querella iconoclasta viene de la época en que, en Bizancio, no se permitían reproducir imágenes de santos fuera de los templos. Es decir que un ícono es una representación del original. Si estas cuatro personas son íconos de la argentinidad –y más aún en materia intelectual- la situación es grave. La Presidenta, para hacer más explícita su visión profunda de la “argentinidad”, podría agregar a otros íconos como Santucho, los hermanos Schoklender y Yiya Murano.

Por fin, me parece interesante que estos fenómenos sucedan, para lo cual los Kirchner deben seguir cumpliendo con su mandato. Me parece sumamente importante que esta nueva vertiente del peronismo muestre hasta el final su impronta. De que todas las pústulas salgan a la luz dependerá nuestro futuro. Soñemos con un escenario en el cual los íconos de la argentinidad, para una Feria del Libro, sean Borges, Victoria Ocampo, Alejandra Pizarnik, Manuel Puig, Julio Cortázar, José Hernández o Sarmiento. Claro, Victoria Ocampo es el ícono de una Argentina a la que acudían los intelectuales de todo el mundo, no ésta de la cual huyen hasta los propios.

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