LA BATALLA DE SANTA CLARA: ¿VICTORIA HEROICA O COMPRADA?

50 AÑOS DE LA REVOLUCION CUBANA

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En 2005, escribí un artículo en el diario La Nación cuyo título era “Los fracasos del Che Guevara”, en el cual inventariaba una serie de epopeyas fallidas del rosarino. No me animé, en aquella ocasión, a abrir juicio sobre la mítica batalla de Santa Clara, episodio consagratorio por la ingeniosa emboscada al tren blindado, al cual le habrían prendido fuego desde el piso de los vagones, única parte desguarnecida.

Entre noviembre y diciembre de 1958, el Che logró cortar las comunicaciones en el centro de Cuba, bloqueando el transporte. Consiguió una sucesión de éxitos militares. En Cabaiguán logró capturar noventa prisioneros y ochenta y cinco rifles. Las tropas de Batista quedaron desmoralizadas. La columna rebelde se preparó para el asalto de Santa Clara, una ciudad con 150.000 habitantes, 2500 soldados y 10 tanques apostados para la defensa. El Che preparó su ataque con 300 hombres inexpertos y cansados. En ese momento llegó la noticia de que un tren blindado con 400 soldados, muchos de ellos especializados en ingeniería, para reparar puentes y caminos dañados, y pertrechos bélicos de refuerzo, venía de La Habana para sumarse a la defensa de Santa Clara. El tren se estacionó al pie de la Sierra Capiro.

El 28 de diciembre las columnas rebeldes comenzaron a avanzar sobre la ciudad. En el camino recibieron ataques y cinco soldados rebeldes murieron. Por la noche de ese primer día la población civil comenzó a levantar barricadas para impedir pasar a los tanques del ejército. Los soldados rebeldes se infiltraron en la ciudad. Según la leyenda, el 29 de diciembre, cuando el tren blindado, que inesperadamente empezó a cambiar de posición, avanzó hacia el centro de la ciudad notó que parte de los rieles habían sido retirados, provocándose un descarrilamiento de tres vagones. Fue entonces que las fuerzas del Che arrojaron bombas molotov incendiarias, transformando al tren blindado en una ratonera, obligándolo a capitular y obteniendo el profuso armamento.

Henry Louis Gómez, quien me referió que es nieto de un soldado batistiano, por ese entonces con grado de capitán, Enrique Antonio Gómez Perez, que era uno de los 400 hombres que viajaba en el tren blindado, sostiene otra versión de los hechos. El tren no habría sido emboscado y capturado sino “comprado” por el Che al Coronel Florentino Rosell, jefe de las fuerzas leales, con dinero proveniente de tributos aplicados en zonas ya tomadas de la isla. Rossel, el mismo día de la batalla, se habría retirado a realizar actividades lúdicas, lo que no parece consistente con una derrota militar oprobiosa. Luego Rossel huyó a Estados Unidos, donde montó una floreciente empresa.

El Coronel Rossel había llegado a Santa Clara por avión el 24, había cenado en Nochebuena en las barracas y desayunado para Navidad en el tren blindado. Gómez Perez dice haber visto a Rossel y a un hermano de éste, aproximadamente el 26 ó 27, partiendo en un auto con varios portafolios. Rossel nunca volvió al tren, dejándolo al mando del Comandante Gómez Calderón. El padre de mi informante e hijo del Capitán Gómez Perez, Enrique Gómez, de 16 años, condujo a su madre por esos días hasta la casa del Coronel Rossel, en las afueras de La Havana, dado que no tenían noticias de su padre y marido. Fueron atendidos por la suegra de Rossel, quien les dijo que el Coronel se había ido a pescar en un yacht. Casi inmediatamente Rossel se fugó en ese mismo yacht a Miami. Ya su familia se había ido. En poco tiempo Rossel se convirtió, en los Estados Unidos, en un próspero empresario de la industria de la construcción.

Consistente con la versión que me brindó Henry Louis Gómez, el cientista político Jorge Castañeda, en su libro “Compañero” (Alfred Knopf, New York, 1st ed., 1997, pág. 135) reproduce el testimonio de Gutierrez Menoyo, quien sostiene que el hermano de Rossel se entrevistó con el Che Guevara y que él le preguntó varias veces al propio Che qué fue lo que le ofreció, obteniendo sólo una sonrisa de parte del revolucionario. El propio Fulgencio Batista, en su libro “Respuesta” (Sin pie de imprenta, México, 1960) arguye que el tren no fue emboscado por Guevara sino “entregado”, “vendido” por Rossel, a cambio de una suma cercana a los 350.000 dólares que el Che le habría donado. Ramón Barquín, oficial batistiano entrevistado por Castañeda en 1996, confirma que la caída del tren blindado fue parte de un acuerdo.

Sólo los protagonistas directos sabían la verdad definitiva sobre los hechos. Las pruebas que echan un manto de sospecha sobre la mítica batalla de Santa Clara y la emboscada al tren blindado, empero, son varias, precisas y concordantes. El revolucionario derrotado militarmente en Congo y Bolivia, derrotado políticamente en la propia Cuba, vuelto sorpresivamente ícono festivo en remeras y tatuajes, quizás no haya ganado su batalla más épica y consagratoria.

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