LA TRAMPA

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En una amable conversación, con connotados intelectuales que ejercían cierta defensa del “modelo kirchnerista”, ellos me señalaban que Kirchner es simplemente un engranaje dentro de la paleta democrática y que debe respetárselo como un jugador más del repertorio que libremente expresa la dinámica del sistema: si la gente lo apoya, sigue; si la gente lo rechaza, se va. Según estas opiniones, denostar todo lo que Kirchner hace –acríticamente, sin preguntarnos primero si está bien o mal- es un acto desleal y una suerte de neogorilismo. A priori, este razonamiento luce como epistomológicamente impecable. Parece acertado decir que alguien tiene derecho a postularse a Presidente si la Constitución se lo permite. Parece acertado sostener que si algo está bien no puede ser descalificado “ad hominem”. Pero el sofisma es justamente el procedimiento por el cual se le da apariencia de válido y cierto a lo que, en rigor, es inválido y falso. Hay verdades aparentes, proferidas incluso de buena fe, que esconden trampas temibles. Si bien es verdad que la Constitución le permite a Kircher o a Cristina postularse para otro mandato, no es menos cierto que ellos ya están cumpliendo dos mandatos y que la promiscuidad de herramientas intelectuales y materiales, de material humano y físico, entre ambos períodos –el kirchnersta y el cristinista- no permite hacer distinciones. Han sido y son lo mismo. Los mismos Ministros y Secretarios de Estado, los mismos modales, la misma falta de conferencias de prensa, la misma ausencia de reuniones de gabinete, la misma forma de ejercer presión sobre gobernadores e intendentes, el mismo estilo para sembrar cizaña y cooptar opositores –Ocaña, Rivas, Romá, Cobos, Katz, Borocotó o Colombí- y la misma política exterior provenezolana. Son una unidad bifronte. No son dos gobiernos sino uno. El que hayan encontrado un gambito legal para perpetuarse no puede ser cínicamente homologado por la nación. La idea de república, así como requiere la división de poderes, exige la periodicidad de los mandatos. La idea de que seguirán hasta el 2020 va en contra de la república y de la Constitución: es una triquiñuela, una treta, y por ende inaceptable. En el mismo sentido, los artificios para quedarse con una porción significativa de los medios de comunicación y el atropello serial a empresas para ir colonizando la economía no es baladí ni forma parte de los valores aceptados por el republicanismo. Aguas Argentinas, Y.P.F., los casinos, Radio del Plata, Aerolíneas Argentinas, las AFJP o Torneos y Competencias constituyen meros ejemplos de compañías vampirizadas por el ogro kirchnerista. En tal contexto, ponernos a distinguir entre el trigo y la cizaña, entre los eventuales aciertos y errores, es una lógica propicia al oficialismo: mientras nos distraen con juegos de artificio, con espejitos de colores, siguen trabajando con la mirada puesta no ya en 2020 sino en adueñarse de los resortes profundos del país. Especulan con nuestra buena fe: si alguien se nos acerca a la ventanilla del auto y nos hace una seña amistosa, lo natural es bajar la ventanilla. Es la actitud educada y amable que se espera de nosotros, pero ni bien la bajamos viene el zarpazo del individuo sobre nuestra cartera. Siempre hay que jugar limpio, siempre hay que ser cortés, pero ¿hay que prestarse a jugar con quien ha dado pruebas de que lo que quiere es pegar un zarpazo traicionero? ¿No fue acaso ése el modus operandi cuando Alberto Fernández convocaba a los dirigentes agraristas al diálogo durante la crisis de 2008? ¿No fue ése el método cuando después de la derrota del 28 de junio el gobierno llamó al diálogo a la oposición? Porque más allá de que las empresas aludidas, o quienes eran sus dueños, nos resulten más o menos simpáticos, lo que está claro es que el avance multiforme del círculo aúlico del kirchnerismo, cuan pulpo imparable, excede una lógica institucionalista. ¿Qué no harían si la ciudadanía, encandilada por las zalemas graciosas y la propaganda abusiva difundida a través del fútbol para todos -¿qué pueden hacer los modestos 3 puntos de rating de un programa periodístico de TN contra los 30 puntos de un Boca-River?- y los múltiples canales oficiales y paraoficiales, le otorgara una nueva chance al kirchnerismo? ¿No es lícito barruntar, en tal caso, un giro hacia la chavización definitiva? ¿Puede aceptarse, bajo tales condiciones, que los Kirchner son jugadores normales en la democracia cuando, además de lo dicho, cuentan con todo el aparato y el dinero del Estado, infinitamente más considerable que el que puede tener un empresario exitoso como De Narváez? Bajar la guardia sería una trágica ingenuidad, equivalente a aceptar que un cleptómano consumado e irredimible puede andar por el supermercado sin ser vigilado. Deponer la coraza y aceptar el diálogo con aquél cuyo único propósito es demolernos y disolvernos cuando menos lo esperemos entraña una táctica francamente miope. En una democracia todos tienen cabida, a condición de que no la usan con el afán deliberado de abolirla. ¿No deben democracia y república tener sus anticuerpos para frenar a aquellos que la socaban, enturbian y trafican?

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