¿NI UN PASO ATRÁS?

0
167

Hacia 1950 la crisis económica obligó a Perón a producir una evidente torsión en su política económica. La misión Cereijo negoció en los Estados Unidos un crédito por 100 millones de dólares del Export Import Bank, en 1953 se dictó una ley para atraer capitales extranjeros, el hermano del presidente Eisenhower salió al balcón de la Casa Rosada del bracete del General, el embajador norteamericano recibió la medalla a la lealtad peronista el 17 de octubre, se radicaron varias fábricas automotrices como Fiat y Mercedes Benz y se celebró un acuerdo con la California Oil Company para la explotación petrolera. Simultáneamente Perón continuó con la retórica antiimperialista en los actos de masas y en las presentaciones internaciones, lo que hoy se llamaría fulbito para la tribuna. Las políticas de nacionalismo populista del peronismo canónico duraron mientras duró la plata dulce de los primeros años de posguerra pero ya a principios de los 50 se revelaron completamente equivocadas.

Algo parecido ha ocurrido ahora. El acuerdo con Repsol, la eyección del antediluviano Guillermo Moreno, el intento de moderación en el Fútbol Para Todos, la silenciosa devaluación, el reconocimiento del problema del INDEC y la inflación, el propósito de acercamiento al Club de Paris y el FMI y hasta la porosidad para el diálogo del peronista Capitanich revelan un cambio copernicano. Nuevamente el nacionalismo populista duró mientras duró la plata dulce, en este caso del alza del precio de los productos internacionales (especialmente la soja), de la mejoría de la clase media china (que empezó a consumir), de la revolución de la siembra directa de los 90 y del colchón que dejó la gran devaluación de 2002 en términos de superávit de las balanzas comercial y fiscal. Y nuevamente el populismo mostró su invicta, su unánime ineficacia. Laclau está equivocado: articular la política sobre la base de las demandas insatisfechas y condensar simbólicamente todas esas expectativas en el famoso significante vacío es un disparate. Los Kirchner tardaron una década en advertirlo; los argentinos, a los que les gusta vivir por arriba de sus posibilidades, lo usufructuaron mientras pudieron.

Pero hay dos problemas. Perón no llegó a recibir los beneficios de esa nueva política porque su posición era poco creíble. Al fin y al cabo, palabras como crédito y financiero vienen de creer y de fe. Hoy el máximo problema de Capitanich es Cristina. ¿Por qué creerle a quien durante diez años nos dijo que había que inmolarse por una épica nacionalista, dirigista y retrógrada, aupando a personajes tan extravagantes como Ricardo Jaime, Guillermo Moreno, Amado Boudou o Marcelo Araujo? El segundo problema es más grave y es el propio Capitanich. Como señala Juan José Sebreli, la Argentina pasó del modelo liberal conservador, bajo el cual creció, a un modelo nacional católico, con el cual entró en crisis, y por fin desembocó en un modelo nacional populista, con el cual colapsó. Ese pasaje fue gradual e imperceptible, el nacionalismo antiliberal fue hijo putativo de las propias elites liberales. Capitanich es un católico ferviente, casi diríamos fanático, que ha llegado a decir que se vive para cumplir el plan de Dios. Un entusiasta de la educación prusiana y de la gimnasia. Abstemio, partidario de la alimentación ascética y hasta del orden militar. No por nada frenó todos los cambios progresistas del nuevo Código Civil y nombró un cura como funcionario. Si sepultar al populismo es bueno, volver hacia los arcaicos ideales del modelo nacional católico, con su ceremonial patriótico de himnos, jura de bandera, marchas, filas escolares con el quiero ver una sola cabeza, el mal gusto pomposo de la arquitectura monumental, la pedagogía de las estatuas, la homofobia, el deporte pensado como desviación de los impulsos eróticos y la utilización del ímpetu juvenil al servicio del Estado, sería catastrófico. La presencia de Jorge Bergoglio, quien no por casualidad coqueteó en los 70 con Guardia de Hierro, que entregó el sector universitario de El Salvador a fuerzas de ese grupo y que es interlocutor de los principales cuadros del peronismo, podría reforzar este inquietante esquema. El peronismo busca la novedad en los tachos de basura: la nuevo es muy viejo.

Deja un comentario

Por favor dejanos tu comentario!
Please enter your name here