OLVIDO Y PERDÓN

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El doctor Oyarbide ha sido hasta ahora muy generoso con el matrimonio Kirchner. Los ha salvado, con la colaboración del Procurador Righi, de un proceso por enriquecimiento que significaba una segura condena. Pero todo tiene un límite. Oyarbide es un hombre de derecho y tiene que guardar las formas. Lo que se le pide ahora es que dirija sus ataques a los hermanos Schoklender y se olvide de Hebe y de los pañuelos blancos de la Comisión Directiva de la Fundación Madres. Oyarbide da vueltas y vueltas pero no encuentra la forma de complacer a la viuda. Pero es obediente y va a encontrar el modo. Ha sabido salir de infortunios mayores. Para “construir” su proyecto político, el difunto ex presidente utilizó con Las Madres el mismo método que le sirviera para cooptar piqueteros, activistas, intendentes y hasta gobernadores: “taparlos con plata”, con tanto dinero como para que ellos “entreguen” su alma y la depositen a los pies de su bienhechor. En el caso de Las Madres, que por un curioso azar llegó a los estrados de Oyarbide, el dinero oficial siempre recorrió el mismo derrotero. Salió de las arcas del ministro De Vido y pasó a la Fundación Madres. Lo primero que debería hacer Oyarbide es establecer si existen faltantes en la caja de la fundación Madres. Sin este dato, no puede existir malversación alguna. Fuentes seguras nos dicen que el hijo putativo de Hebe y apoderado de Las Madres, recibía los cheques del ministerio de De Vido y los canjeaba en diversas cuevas, que le retenían el 40 o el 50 por ciento. Esas cuevas aseguraban los retornos. Para saber cuál es el volumen del faltante, sería necesario establecer cuáles fueron los importes entregados y cuáles los ingresados efectivamente en las arcas de la fundación. Esos faltantes serían responsabilidad de la Comisión Directiva que preside la venerada Hebe. Sin ese dato, no habría mérito para ninguna investigación: por mucho que se hubiesen enriquecido los hermanos Schoklender, no habría razón alguna para perseguirlos. En este sentido, debe aclararse lo que sigue: Sergio Schoklender fue un simple apoderado de una persona jurídica privada (la Fundación Madres). Él no pudo cometer el delito de malversación de caudales porque nunca fue funcionario. Podría ser responsable de administración fraudulenta, pero no es ese el delito que investiga Oyarbide. Menos aún puede acusársele de enriquecimiento ilícito, porque ese delito sólo puede ser cometido por funcionarios públicos y ya hemos dicho que Sergio Schoklender no lo era. Oyarbide tendría ahora que cometer una arbitrariedad manifiesta para complacer a la viuda, que debe de estar presionándolo, tal como el fallecido Kirchner solía hacerlo, según lo dice Majul en “Ella y El”, cuando tenía en sus manos la causa de su enriquecimiento. Lo que hará, casi con certeza, es buscar por todos los medios lo que sabe que no puede encontrar, esto es los libros de la Fundación Madres, que lamentablemente se habrán perdido o que el perverso Schoklender habría hecho desaparecer. Los libros y registros desaparecidos deberían ser enviados al Cuerpo Forense, sin los cuales, ninguna investigación puede ser llevada a cabo. Es casi el mismo problema que experimentara la causa de los 800 mil dólares de Antonini Wilson, que no obstante el empeño de los jueces y fiscales, no ha podido avanzar ni un paso desde el hallazgo de la valija. Así, el destino de la causa sobre la malversación de la Fundación Madres quedará en el olvido hasta que el furor mediático desaparezca y el escándalo ceda lentamente su interés a uno nuevo y aún más espectacular. Por nuestra parte, para salvar a quien tanto apoyó al matrimonio Kirchner en sus horas difíciles, consideramos que sería oportuno dictar una ley de amnistía amplia y generosa que alcance a todos los acusados de delitos de corrupción que se encuentren en trámite. Se sabe que por la escasa importancia de las condenas, por la dificultad de la recolección de las pruebas y por la pereza manifiesta de jueces y fiscales, todos esos procesos terminarán inevitablemente en la prescripción. ¿Por qué no evitar tanto dispendio inútil? Si se aceptara esta modesta moción se ahorraría mucho dinero y muchos trámites burocráticos estériles. Los jueces y magistrados estarían aliviados y salvada la honra de la venerada Hebe. Se terminaría así con un penoso episodio que incomoda a todo el mundo, especialmente a la Presidente, y perturba a la opinión pública, que podría dedicarse a menesteres más provechosos que la persecución infructuosa de una anciana de tantos méritos y de un parricida imperturbable.

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