¿QUIÉN VOTA A CRISTINA?

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Sergio Mari, el portero de la calle Craig 806 de Capital Federal, sostiene que ni loco vota por Cristina y que él se inclina por Alberto Rodríguez Saa, porque es el más peronista de todos. En una pequeña encuesta que realicé en el día de la madre, ante la mesa tendida de una parrilla de Castelar, el resultado fue contundente. Entre diez personas, ocho de las cuales estaban en condiciones de ejercer su derecho a voto, cuatro se inclinaron por Carrió, uno por Rodríguez Saa, uno por Pino Solanas y los restantes se manifestaron indecisos.

Llamé a mi madre, quien reside en una ciudad de Entre Ríos, para saludarla en su día. Después de las mieles de rigor, me contó que en una mesa de dieciséis personas, ante la cual estaba sentada junto a la familia del esposo de mi hermana, sólo una se inclinó por Cristina. Como sus balbuceos no me resultaron confiables, le pedí que me pasara con mi cuñado, el magnate de la pizza de Concepción del Uruguay, quien dijo: “Mirá, entre mis empleados gana por muerte Carrió y le sigue Rodríguez Saa”.

Durante toda la semana pasada, recurrí al mismo método entre clientes y colegas abogados, para entender por qué las encuestas supuestamente científicas dan como resultado un triunfo de Cristina. Un escalofrío me recorrió la columna cuando comprobé que, sobre veinte personas, incluidas entre ellas algunos muchachos de conducta sospechosa que visitaron mi oficina, sólo dos confesaron su predilección por la primera dama. ¿Acaso Mora y Araujo y sus adláteres me estarían estafando? En esta carrera de jamelgos, uno confía en la Palermo Rosa , así que me dirigí al Coliseo de los burreros y, después de romper varios boletos y maldecir contra Milka, una yegua que salió última en la sexta, realicé una consulta entre los adictos al Deporte de los Reyes: entre nueve, ocho no votaban a Cristina.
¿Quién vota, entonces, a Cristina?

En una revista de espectáculos, me enteré de que Nalbaldián y varias ninfas atardecidas confesaban su preferencia por Cristina. Parece que Marcelo Tinelli también. Quizás ahí estaba oculta la contundencia de las encuestas. El circo mediático es una infección oportunista que ataca a aquellos que se hallan con las defensas bajas. Apelé entonces a mi amigo Juan Domingo, de la villa 1-11-14 en el bajo Flores, y le pregunté si votaría a Cristina. Me contestó: “¡Ni loco! Yo voto en blanco, que se vayan a cagar. Acá sólo la votan los que tienen rebusque”. Más confundido aún, corté y disqué el número de mi tía de Pacheco, quien se gana la vida cuidando a un anciano coronel con arterioesclerosis, que vive tenso por las guerras que nunca pudo librar. Me dijo: “Patti y Pino Solanas, en ese orden”. Mi cabeza comenzó a girar en una galaxia fantasmagórica. Me metí en Internet y en Corrientes, las encuestas de mis amigos de Cadena Azul y Blanca, un diario digital, daba como ganadora a Carrió. ¿Quién vota, entonces, a Cristina?

Por primera vez vamos a asistir al fenómeno más extraño de todos los que nos hayan tocado vivir en las crónicas marcianas de nuestra democracia. Nadie que conozcamos vota a Cristina, pero ella ganará por paliza las elecciones cumpliendo con los presagios de los encuestadores.

¿Serán los tobas de Chaco, los villeros del conurbano, los delincuentes que purgan condenas en las diferentes tumbas, los coyas de Jujuy, los desmontadores de bosques de Salta, los “progres” de Barrio Norte y Belgrano, los asambleístas de Gualeguaychú, los que reciben planes indiscriminados en La Matanza, los estudiantes díscolos de filosofía que exigen la marihuana libre, los camioneros de Moyano, los vecinos de la Villa Itatí del sur del conurbano, los izquierdistas que se decidieron por el voto útil, los exportadores de soja, los vendedores de paco de La Cava, los empleados de Coto, los que votaron un gobierno socialista en Santa Fe, o los que están a favor y en contra del fraude en Córdoba?

Me acordé de la elección que ganó Carlos Menem en 1995 y recordé que todos decían que no votarían ni bajo el efecto de los vapores del buen tinto por el inefable califa de Anillaco.

Definitivamente no entiendo. El próximo domingo iré a votar, comeré en silencio los ravioles de ricota de mi suegra y esperaré los resultados. Después de las 14 hs. y hasta las 18 hs. desplegaré un plan salvador. Me dejaré ganar por la modorra que me provocará el lemoncello casero, bajo el vago sonido de los silbidos dedicados a Kirchner en el último recital de Soda Stereo resonando en mis oídos. Antes, releeré “Crónica de una muerte anunciada”.

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